No hace falta a tu tocado
ni plata ni terciopelo,
joyas que prendan tu velo
ni riqueza en el bordado;
tampoco faldón calado,
ni rica candelería,
ni palio, ni crestería,
ni tesoros ni retoques,
que del Aljarafe, Señora,
eres Reina y alegría.
la Reina de tu hermandad,
lo flor más pura y más bella
que se puede contemplar.
del puro amor entregado,
de los caminos sin sombra,
y de ese valle sagrado
que los ángeles vigilan
al resplandor de tu llanto.
Y ante tu altar, Soledad mía,
yo me quedé musitanto:
¡ay!, quién pudiera, Señora,
ser flor de ese humilde ramo.
y eres agua y eres fuente,
mezcla de mayo y abril,
de pena, luna creciente,
de gracia, senda sin fin.
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