CÓMO HEMOS CAMBIADO.
Por Fernando Ollero
Años antes de la proliferación de las vallas, de que existiese el CECOP, el despliegue de las emisoras de radio para las retransmisiones de Semana Santa era más modesto, las retransmisiones por televisión de las cofradías eran ocasionales, y salvo en cuaresma era raro ver información cofradiera en la prensa escrita, tal vez alguna reseña sobre las procesiones de gloria y algunos cultos.
El primer teléfono móvil no fue comercializado en Estados Unidos hasta 1983. Unos cuantos privilegiados poseían algunas de las primeras cámara de video domesticas, no existían aun las cámaras de fotos digitales. Internet estaba por llegar y era raro que un particular tuviese un ordenador personal.
Bandas con menos de la mitad de músicos que hoy en día, sobre todo las de cornetas y tambores y agrupaciones musicales, se estaba formando muchas de las cuadrillas de costaleros no profesionales, con muy pocos relevos cuando los había. Muchas cofradías solían salir si llegada la hora no llovía y no era tan raro ver a un paso mojarse, no se montaba un escándalo publico por ello; todo lo más se pedían responsabilidades de puertas para dentro.
A muchos les sonara todo esto a perogrullo, pero a veces parece que olvidamos como eran las cofradías no hace tanto tiempo. Con todo lo más ha cambiado la actitud de una parte del público en la calle, reflejo de una preocupante falta de educación y del fenómeno de masas en que se han convertido algunas cosas. Eso y el afán de protagonismo, del que tanto se habla y sobre el que nada se hace. Hoy es protagonista cualquiera, lo último es un nazareno de una cofradía del Miércoles Santo entrevistado en plena calle, cubierto con su antifaz para un programa de televisión, cuya temática no son los cotilleos.
