Ayer mismo te decía aquello de
“Lo que tú quieras, Señora”, y así ha sido. Un Rosario de la Aurora que
coincidía en el mismo día en que TODO EMPEZÓ. No ha podido ser; todos los
soleanos nos hemos quedado con las ganas inmensas de acompañarte por las calles
de tu pueblo. El tiempo ha sido implacable y por más veces que todos mirábamos
los partes meteorólogicos en móviles, tabletas y ordenadores, el agua parecía
no dar tregua ni tan siquiera unas breves horas para que tus ojos vieran la ansiedad de nuestras miradas y
corazones en el amanecer más bello del día más recordado.
Tú vales más que mil procesiones y un millón
de canciones en las esquinas y plazas. Tú vales más que todos los anhelos que
pudiéramos tener al querer verte pasear ante las fachadas de nuestras casas. Tú
vales más que todos los oles y vivas que pudiéramos dedicarte. Tú vales más que
todo. Y por eso, hijos que somos tuyos, tenemos que protegerte.
Es Cierto que cuando nuestro
Hermano Mayor comunicó que no se llevaría a cabo la Procesión del Rosario de la
Aurora, la desazón y el desánimo se hicieron con nosotros aunque se tratara de
algo ya esperado. A partir de ese momento, lágrimas que se confundían con la
lluvia, con las gotas de una mañana fresca de otoño, comenzaron a recorrer las
mejillas, especialmente, de los más jóvenes. No obstante, esta Hermandad supo
recomponerse al instante para rezar el Santo Rosario en nuestra Iglesia, ante
Nuestra Virgen de la Soledad, en un respetuosísimo recogimiento sólo “alterado”
por las siempre gentiles voces de los componentes del Coro de la Soledad de
Albaida que un año más nos acompañó.
También cantaron algunos hermanos
al final del acto religioso y se produjeron vítores a la Virgen. Aquí hemos de
agradecer la complicidad de nuestro cura-párroco.
Pero a pesar del agua y de la
lluvia, el soleano de Huévar sabe que en tu
Divina Cara se refleja toda la
luz de la poesía, toda la mañana clara de cristal y la serenidad de una tarde
en la que reposamos nuestro desasosiego. Porque Tú, Soledad lo tienes todo; tienes una explosión de armonía y de
sol, un ir y venir generoso y contagioso de alegría, tienes el sentimiento del
que toda alma buena se llena. Eres la mujer que ríe su pena morena, porque Tú,
mejor que nadie, sabes mezclar la risa y el llanto, el negro y el rojo, porque
eres Virgen de Gracia plena, de figura
que enamora y embelesa.
Y porque te queremos, en la calle
o en el templo o en la simple textura de una fotografía, incluso en la que ya
se encuentra ajada por los años, volveremos a pensar en otro Octubre en el que
Tú, que eres el sol, las estrellas, la luna y el firmamento unidos, iluminarás
el Amanecer más bello que en este tu pueblo solo existe porque existes Tú.