YA
ESTÁ LEJOS DE SU PUEBLO
Y
JOSÉ DORMIDO EN SU ALMOHADA
AGARRAO
A SU MEDALLA
RECUERDA
QUE OTROS AÑOS SE MOJABA
AL
ALBA
Cuántas letras
de sevillanas, como ésta, y canciones populares
se han dedicado a la medalla, a ese metal que simboliza la unión de tantas
personas entorno a la fe que genera una Imagen Venerada como la Mediadora Universal
de cielos y tierras.
Durante las
fiestas de Mayo pasadas, en una de las muchas fotografías que tuve la
oportunidad de realizar, observé esta imagen que aparece en la parte superior
de este post en la que dos jóvenes
soleanas ataviadas con sus trajes de flamenca se encuentran agarrando su
medalla. Esa medalla que siempre debe unir pero que a veces tanto separa.
…….Agarrados a
una medalla mientras se escuchan los cohetes que explotan en el cielo azul
y que anuncian el inicio de una
Celebración Eucarística para dar las gracias a Nuestra Madre de la Soledad por
las fiestas ya pasadas y de las que nos
encontramos contentos y orgullosos. Y
comienza la Misa, el canto de entrada, todos mirando el rostro indescifrable de
nuestra Señora que nos reconforta con su mirada de madre buena y protectora.
Y tan solo
unas cuantas medallas que incluso se atreven a dar la vuelta como avergonzadas
por su escaso número cuando debieran ser un ciento. Un símbolo que parece que
quema en lugar de enorgullecer.
Una medalla
entre tanta gente que antes era parte indispensable de tu vida y que ahora o en
cualquier momento te es tan distante. Porque parece que la medalla no basta.
Hace falta el hecho de hacer gala de fervor y cinismo social.
Cuántas veces,
“agarrao” a esa medalla hemos soñado con largas noches de Ella en la calle al
son de una marcha acompasada templando el ánimo de los buenos costaleros que
rachean el suelo que pisamos con lo más grande de sus corazones.
Cuántas veces,
“agarrao” a esa medalla hemos soñado con cuestas de terciopelo, suaves y
bambalinas acompasadas de una vera a la otra rozando tímidamente el metal
plateado de los varales de ese altar prodigioso que da cobijo a la madre de las
madres.
Cuántas veces,
“agarrao” a esa medalla hemos soñado con días de lluvia que se abrían mientras
depositábamos nuestras oraciones ante el cuadro de Ella en el salón de nuestra
casa o ante la estampa ajada de nuestra cartera.
Cuántas veces,
“agarrao” a esa medalla hemos soñado con una cuesta que nos lleva al cielo de
puntillas y que termina con el sobresalto de una glorioso Ave María.….
Cuántas veces,
“agarrao” a esa medalla hemos soñado con días de nervios sin dominar, de emoción
incontenida ante lo que se avecinaba…..
Cuántas veces,
“agarrao” a esa medalla hemos soñado con que este sueño fuera el sueño no soñado y que
la realidad misma nos atravesara…..
Medalla de
unión, de amistad, de trabajo, de sentimientos indefinidos, de personas
pegadas y cercanas a ti, medallas de
color negro o rojo según el momento vivido. Medallas que debieran encontrarse
siempre presentes y que no lo están, medallas que debieran colgar en nuestros
cuellos soleanos y no siempre reposan.
Al final
siempre podremos decir aquello de que para qué tanta medalla si lo que importa
es lo que se siente dentro. Eso será. O….como dijera el otro, ¡quién no se
consuela es porque no quiere!
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