1 de junio de 2014

"AGARRAO" A TU MEDALLA.


YA ESTÁ LEJOS DE SU PUEBLO
Y JOSÉ DORMIDO EN SU ALMOHADA
AGARRAO A SU MEDALLA
RECUERDA QUE OTROS AÑOS SE MOJABA
AL ALBA
Cuántas letras de sevillanas, como ésta,  y canciones populares se han dedicado a la medalla, a ese metal que simboliza la unión de tantas personas entorno a la fe que genera una Imagen Venerada como la Mediadora Universal de cielos y tierras.
Durante las fiestas de Mayo pasadas, en una de las muchas fotografías que tuve la oportunidad de realizar, observé esta imagen que aparece en la parte superior de este post en la que dos  jóvenes soleanas ataviadas con sus trajes de flamenca se encuentran agarrando su medalla. Esa medalla que siempre debe unir pero que a  veces tanto separa.
…….Agarrados a una medalla mientras se escuchan los cohetes que explotan en el cielo azul y  que anuncian el inicio de una Celebración Eucarística para dar las gracias a Nuestra Madre de la Soledad por las fiestas ya pasadas  y de las que nos encontramos contentos y orgullosos.  Y comienza la Misa, el canto de entrada, todos mirando el rostro indescifrable de nuestra Señora que nos reconforta con su mirada de madre buena y protectora.
Y tan solo unas cuantas medallas que incluso se atreven a dar la vuelta como avergonzadas por su escaso número cuando debieran ser un ciento. Un símbolo que parece que quema en lugar de enorgullecer.
Una medalla entre tanta gente que antes era parte indispensable de tu vida y que ahora o en cualquier momento te es tan distante. Porque parece que la medalla no basta. Hace falta el hecho de hacer gala de fervor y cinismo social.
Cuántas veces, “agarrao” a esa medalla hemos soñado con largas noches de Ella en la calle al son de una marcha acompasada templando el ánimo de los buenos costaleros que rachean el suelo que pisamos con lo más grande de sus corazones.
Cuántas veces, “agarrao” a esa medalla hemos soñado con cuestas de terciopelo, suaves y bambalinas acompasadas de una vera a la otra rozando tímidamente el metal plateado de los varales de ese altar prodigioso que da cobijo a la madre de las madres.
Cuántas veces, “agarrao” a esa medalla hemos soñado con días de lluvia que se abrían mientras depositábamos nuestras oraciones ante el cuadro de Ella en el salón de nuestra casa o ante la estampa ajada de nuestra cartera.
Cuántas veces, “agarrao” a esa medalla hemos soñado con una cuesta que nos lleva al cielo de puntillas y que termina con el sobresalto de una glorioso Ave María.….
Cuántas veces, “agarrao” a esa medalla hemos soñado con días de nervios sin dominar, de emoción incontenida ante lo que se avecinaba…..
Cuántas veces, “agarrao” a esa medalla hemos soñado con  que este sueño fuera el sueño no soñado y que la realidad misma nos atravesara…..
Medalla de unión, de amistad, de trabajo, de sentimientos indefinidos, de personas pegadas  y cercanas a ti, medallas de color negro o rojo según el momento vivido. Medallas que debieran encontrarse siempre presentes y que no lo están, medallas que debieran colgar en nuestros cuellos soleanos y no siempre reposan.

Al final siempre podremos decir aquello de que para qué tanta medalla si lo que importa es lo que se siente dentro. Eso será. O….como dijera el otro, ¡quién no se consuela es porque no quiere!