A la
Macarena no la hizo nadie. Nadie es capaz de hacerla ni soñarla. A la Virgen
que lloraba le echó Sevilla un piropo, y ella sonrió. Y ¡salió la Macarena!
Para
que pueda rimar
con tu
nombre, Macarena,
tengo
una palabra: "pena"
amarga
como la mar,
y tengo
el dulce cantar
de un
arcángel: "gratia plena",
para
que pueda rimar
con tu
nombre, Macarena...
La pena
con tu dolor,
que
eres Madre Dolorosa;
y la
gracia, por ser rosa
del
amor.
Y
uniendo gracia con pena
va el
broche de tu sonrisa...
Ya está
la rima precisa
de tu
nombre, Macarena.
(Texto
de Ramón Cué)
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